Lo urgente y lo prioritario

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Lo urgente y lo prioritario

¿A ti también te ocurre que, a veces, tienes tan repletos los días que ni siquiera tienes tiempo para dedicarte dos minutos y reflexionar sobre todo lo que llevas encima?

Esto es lo que me está sucediendo a mí esta última temporada. La vida y sus quehaceres te urge con prisa a que resuelvas y estés en constante movimiento para hacer lo que debes a cada paso. Amaneces y, desde que suena el despertador, todo es veloz. Ducha apresurada, desayuno supersónico, niña, tráfico, cole, más tráfico, trabajo, (aquí la prisa se acelera con la sensación de no llegar a las 1000 tareas pendientes). Volviendo a casa, tráfico, cole, niña, comida contestando mensajes atrasados, merienda, extraescolares, parque y por fin, una apresurada cena para hacer la comida del día siguiente y despacharte a la cama sin siquiera haber podido detenerte un segundo a respirar. Y así día, tras día, tras día.

¿Es esto sostenible a largo plazo?

En  mi opinión, es una locura orquestada por una vida poco sostenible para el alma. Tenemos todo tan atado en el día a día que no existe lugar  para lo prioritario.

Desde hace unos años me niego a pensar que la vida es esto. Me niego a que me lleven cual títere por su  esquizofrénica superficie vital como si esta forma de vivir fuese la única posible. Me atrincheraré atada a un árbol si hiciese falta, en el que no se me permita parar y sostener mi silencio.

Mi alma necesita espacio. Mi alma necesita calma. Mi alma necesita escuchar a los pájaros y asombrarse ante la belleza de la naturaleza. 

Y esto es prioritario. Esto es esencial para volver a nuestro centro y equilibrar nuestro campo vital. No es un privilegio. Es una necesidad  humana. Sin embargo, la tecnología nos ha robado ese silencio. Nos ha dejado sin volumen ni alcance para el ansiado reposo. En cuanto me siento conmigo y no me gusta lo que siento, lo aniquilo con ingentes cantidades de dopamina veloz que me adormezca  y me deje cual tullida sin capacidad de movimiento. 

Y el tiempo se pierde. 

Y el tiempo no vuelve.

Pero como no hay tiempo para pensarlo, parece que no existiera ese agujero que estás cavando en tu vida llenándolo de  vacío. Un vacío existencial que te viene a visitar por las noches cuando la quietud se hace presente y te cuesta sostener ese silencio. Porque duele. Te has pasado el día intentando evitarlo y ahora te enfrentas a él  y duele. Sientes la presión en el pecho. Sientes la tristeza. Sientes la rabia. La frustración. 

Y duele.

Te sientes sin energía porque no te dedicas tiempo. Tiempo de hacer nada. Tiempo de mirar por la ventana. Tiempo de pasear bajo el sol sin distracciones. Tiempo de escribir tus reflexiones. Tiempo de pensar en tus sueños. Tiempo de reír y bailar. Tiempo de celebrar. De soñar. De trepar por un árbol. 

Te pierdes lo prioritario, porque tienes demasiados urgentes. 

¿Hasta cuándo?

Lorea de Prada Errazquin

Filósofa emocional y espiritual

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